Estado de la hoja: defectos y engaños

Casi ninguna hoja antigua está limpia del todo: quien mira de cerca encuentra poros, aberturas, marcas de combate o el rastro de siglos de pulidos. La pregunta útil no es si hay defectos, sino cuáles son, dónde están y cuánto pesan para el uso y para la contemplación. Este tema los ordena por su origen —el temple, la forja, el desgaste, el fuego y el uso—, explica los añadidos que los tapan y cómo destaparlos, y acaba con una tabla de gravedad.

Por qué toda hoja tiene kizu

Los japoneses llaman kizu (疵) a cualquier defecto físico de la hoja. Casi todos nacen en el taller o en la vida de la espada: escoria que el plegado no llegó a expulsar, un pliegue que no soldó del todo, un fallo mínimo al templar, un golpe en combate, el óxido y, sobre todo, siglos de pulidos. Por eso casi cualquier hoja que de lejos parece limpia enseña algo cuando se mira con buena luz.

Lo que importa es la gravedad. Hay defectos que ponen en peligro la hoja —una grieta en el temple puede partirla al cortar—, otros que sólo afean, y otros que no se cuentan como defecto o que incluso suman. El criterio, además, ha cambiado: mientras la espada fue un arma pesaba sobre todo el fallo funcional; hoy, juzgada como obra de arte, pesa también lo que estropea la vista. Un mismo kizu se valora distinto según su tamaño, su sitio —en el filo templado o en el ji, en la mitad alta o junto a la espiga— y la época y la escuela de la hoja.

El mapa sitúa los más comunes. Las secciones siguientes los agrupan por su origen, y la última los ordena en una tabla de gravedad.

Esquema de una katana con doce defectos numerados en su sitio, marcados por gravedad con discos rojos, discos ocres y un anillo verde.
Dónde aparece cada kizu. Disco rojo, grave: 1 hagire, 2 karasuguchi, 3 shinae. Disco ocre, depende del tamaño, del sitio o de si es original: 4 hagarami, 5 fukure, 6 kitae-ware, 7 mune-ware, 8 umegane, 9 nioi-gire, 10 hakobore, 11 mizukage. Anillo verde, no es defecto y puede sumar: 12 kirikomi. Esquema, no a escala. Diagrama: Kantei

Los defectos del temple

Los más temidos están en la franja templada del filo, porque es la parte que trabaja. Son grietas finas, que hay que buscar con buena luz y la hoja inclinada, y que no deben confundirse con una abertura de forja que caiga dentro del hamon.

DefectoQué esCuánto pesa
hagire (刃切れ)Grieta en el temple, casi perpendicular al filo.La más temida: la hoja puede partirse por ahí al cortar. Fatal para el uso; para la contemplación pesa menos.
karasuguchi (烏口)Una grieta del mismo tipo dentro de la punta (kissaki).Grave: la punta puede romperse al clavar.
hagarami (刃搦み)Grieta oblicua, o abertura de forja, que llega hasta el filo.Pequeña, apenas cuenta. En la mitad alta de la hoja, la que corta, amenaza con una mella; cerca de la espiga, mucho menos.
tsuki-no-wa (月の輪)Un hagarami en arco de media luna dentro de la punta.Como el hagarami.
nioi-gire (匂切れ)Tramo en que la línea del temple se interrumpe porque falta el nioi.Sobre todo visual; un buen pulidor lo disimula.
hajimi (刃染み)Zona del temple apagada y blanquecina, sin brillo, por un reparto desigual del carbono o un temple flojo.Visual; si el desgaste la extiende por todo el filo, baja mucho el valor.
yaki-kuzure (焼崩れ)Tramo en que el temple se deshace y pierde el contorno.Visual si es pequeño.
Punta sin templeEl bōshi ha desaparecido por una rotura o por los pulidos.La hoja se tiene por defectuosa: la punta no aguanta. En hojas muy antiguas se tolera más.

Estas grietas suelen ser más finas que un pelo, y no siempre nacen de un fallo del temple: un golpe fuerte en el lomo también puede abrir una. El hagire no es, en rigor, el defecto que más daña la hoja como obra, pero sí el que más rechazo provoca entre coleccionistas y tasadores; según la práctica de los talleres, una hoja con hagire no pasa a Tokubetsu Hozon. Otra cosa son las grietas finas del temple que no llegan a hagire: se han visto hojas que las tienen y que aun así han sido aprobadas como Jūyō.

Los criterios de examen de la NBTHK dejan fuera las hojas con defectos graves (ver Papeles del NBTHK). Sobre la punta y su temple, ver Anatomía de la katana.

Dos esquemas: un tramo de hoja con grietas en el temple y un hueco en la línea del temple, y una punta con dos grietas.
A: en el cuerpo de la hoja, el hagire cruza el temple casi en perpendicular al filo, el hagarami llega al filo en oblicuo y el nioi-gire es un hueco en la línea del temple. B: en la punta, el karasuguchi es un hagire dentro del kissaki y el tsuki-no-wa, un hagarami en media luna. Diagrama: Kantei

Los defectos de forja

La hoja se forja plegando el acero una y otra vez (ver Forja y construcción). Cada pliegue es una soldadura, y cuando una no agarra del todo queda un fallo dentro del acero que el pulido acaba destapando.

  • fukure (膨れ): una ampolla de aire atrapada en un pliegue mal soldado. Pequeña y lejos del filo no afecta al uso, pero quitarla puliendo es casi imposible, y si el pulido la abre queda la fukure-yabure (ふくれ破れ), un hueco que se ve de lejos.
  • kitae-ware (鍛え割れ): una abertura del plegado, casi siempre a lo largo de la hoja (tate-ware, 竪割れ); si corre por el lomo, es un mune-ware (棟割れ). Es el defecto que más se ve y, si no es grande, de los que menos pesan en el uso. Que no se vea ninguno, en cambio, no garantiza que el acero sea bueno.
  • masa-ware (柾割れ): en las hojas de grano recto (masame), como las de la antigua escuela de Yamato, una abertura que sigue el grano es casi inevitable y no se cuenta como defecto; en algunos herreros es incluso un rasgo.
  • shinae (撓え): marcas transversales, como pequeñas grietas o arrugas, que cruzan la hoja. Se asocian a doblarla y enderezarla o a un acero débil. Las superficiales, de enderezar, a veces se van con el pulido; las de forja, no. Pesa más que una fukure o un kitae-ware, porque avisa de que la hoja puede doblarse o partirse por ahí. Hay pulidores que distinguen de ella la mukade-shinae, la «shinae de ciempiés»: arrugas finas y superficiales que deja doblar y enderezar la hoja, que no se cuentan como defecto y se van con los pulidos.
  • uchikomi (打込み) e ishike (石気), poros finos que se atribuyen al martillo o al yunque, y sumigomori (炭籠り), carbonilla que quedó atrapada en la piel de acero. Si son pequeños, no tienen importancia práctica.
Cinco recuadros con un trozo de superficie de la hoja: una ampolla cerrada, una ampolla abierta, una abertura alargada, una abertura en grano recto y varias marcas transversales.
Los defectos de forja: fukure (ampolla cerrada) y fukure-yabure (la ampolla abierta por el pulido); kitae-ware, que sigue el grano; masa-ware, propio del grano recto y que no se cuenta como defecto; y shinae, marcas que cruzan la hoja, la más grave de las cinco. Diagrama: Kantei

El desgaste: tsukare

La hoja lleva por fuera una piel de acero duro, el kawagane (皮鉄), y dentro un alma más blanda, el shingane (心鉄). Cada pulido se lleva un poco de piel. Tras siglos de pulidos la piel adelgaza, el alma puede asomar y el ji se ve áspero o manchado: es el tsukare (疲れ), la hoja «cansada». La unión entre piel y alma que aflora se llama ji-are (地荒れ), y el alma a la vista puede parecer un utsuri blanquecino que no lo es (tsukare-utsuri, 疲れ映り), algo que baja mucho su valor como obra.

No todo shingane visible es desgaste: en algunas escuelas, como los Rai de Yamashiro o los Aoe de Bitchū, el alma a la vista se tiene por un rasgo propio. Cómo pesa hoy en la valoración se discute en Forja y construcción.

El desgaste se mide con la espiga, que no se pule nunca y conserva el grosor (kasane) con que salió de la fragua. Si la hoja, junto al machi, es claramente más delgada que la espiga, o si el filo se ha retirado respecto al escalón del machi, ha perdido mucho acero. La punta, que se pule más, es de lo primero que pierde su temple. Y en los tantō la punta adelgaza antes que el resto hasta curvarse hacia dentro (uchizori): un tantō sin esa curva suele estar más sano.

El desgaste cambia también la forma. Como los pulidos se llevan sobre todo acero del filo templado, la curvatura baja y la que queda se nota más cerca de la base (koshizori); la punta se redondea, el yokote va bajando hacia la espiga y el punto más grueso de la hoja se desplaza hacia el machi, que puede llegar a borrarse. Un pulido que quita mucho acero de una vez aplana además el temple, que se vuelve más tranquilo, y puede cambiar el encaje de la hoja en su vaina. En dos hojas hermanas se ha medido lo que eso supone: con los pulidos, una había perdido 138 g y la otra 270 g, casi un tercio de su peso, con la piel de acero agotada en algunos puntos.

A la izquierda, dos secciones de hoja, una nueva y otra gastada con el alma asomando; a la derecha, la hoja vista desde el lomo, más delgada que la espiga.
A: sección de una hoja nueva, con la piel de acero duro (kawagane) envolviendo el alma (shingane), y de la misma hoja tras muchos pulidos: la piel se ha gastado y el alma asoma a los lados. B: vista desde el lomo; la espiga conserva el grosor (kasane) original, y la hoja, en línea continua, ha quedado más delgada que su contorno de origen, de puntos. Diagrama: Kantei

Fuego y retemple

Una hoja que ha pasado por un incendio es un yakemi (焼身): el calor deshace el temple y el acero vuelve a quedar blando, la superficie se ennegrece o se corroe, aparece el dibujo del forjado y el hamon desaparece o deja manchas sueltas. Hasta el periodo Edo, una hoja quemada que aún servía se volvía a templar sin reparos: es el saiha (再刃), también llamado yaki-naoshi (焼き直し). Hoy un saiha pierde casi todo su valor como obra de arte, y la NBTHK sólo lo admite en casos muy concretos (ver Papeles del NBTHK).

Estas son las pistas de un retemple:

  • una espiga con granos, poros o aspecto de fundido, porque también pasó por el fuego;
  • yaki-otoshi (焼き落とし): el temple no arranca en el machi sino algo más arriba, porque al retemplar se evita calentar la espiga;
  • mizukage (水影): una sombra oblicua, parecida a un utsuri, donde empieza el temple, en el límite de lo que entró en el agua;
  • un equilibrio extraño entre anchura, curvatura y hamon, o un hamon que no se parece al del herrero que firma.

Ninguna basta sola. El mizukage aparece también en obra original de algunos herreros del shintō —Horikawa Kunihiro, el primer Tadayoshi, el primer Kunikage—, por las diferencias de temperatura del agua junto al machi, y la propia NBTHK pide decidir en cada caso si es original o de un retemple. El yaki-otoshi es igualmente un rasgo original en hojas de Heian y en algunos herreros de Kyūshū, como Bungo Yukihira. Lo que delata un saiha es la suma de señales.

A veces sólo se retempla la punta dañada: es el yakitsugi-bōshi (焼継ぎ帽子), más raro que un saiha completo. El temple de la punta nunca empalma bien con el de la hoja: en el empalme el nioiguchi se debilita y puede verse otra vez un mizukage. El tramo entre los dos temples suele quedar además quemado, y el pulido se encarga de disimularlo.

Dos hojas célebres muestran los dos destinos. El Honebami Tōshirō (骨喰藤四郎), obra de Awataguchi Yoshimitsu y Bien Cultural Importante, se quemó en el gran incendio de Meireki (1657) y lo retempló el tercer Echizen Yasutsugu; pertenece al santuario Toyokuni y está depositado en el Museo Nacional de Kioto. El Shokudaikiri Mitsutada (燭台切光忠) se quemó en el terremoto de Kantō de 1923 y se conserva tal cual, sin temple, en el Museo Tokugawa de Mito.

Por el mismo camino que el Honebami pasó el Ichigo Hitofuri (一期一振), el único tachi que se atribuye a Yoshimitsu, un herrero de tantō: se quemó en la caída del castillo de Osaka, en 1615, lo retempló el primer Echizen Yasutsugu y hoy se guarda entre los tesoros de la casa imperial.

Tres esquemas: un temple que arranca en el machi, otro que empieza más arriba con una sombra oblicua, y una punta con el temple empalmado.
A: temple original que arranca en el machi (yakidashi). B: hoja retemplada; el temple empieza por encima del machi (yaki-otoshi) y deja una sombra oblicua (mizukage). C: punta retemplada aparte (yakitsugi-bōshi): el empalme con el temple de la hoja queda débil y puede llevar su propio mizukage. Diagrama: Kantei
Cuatro fotografías antiguas en blanco y negro de una hoja larga y estrecha, entera y en detalle, con grabados de dragón y de una deidad junto a la espiga.
El Honebami Tōshirō, de Awataguchi Yoshimitsu, en un álbum de 1946 del Museo Imperial de Kioto. Se quemó en el incendio de Meireki (1657) y el tercer Echizen Yasutsugu lo retempló: un saiha célebre. Crédito: Kyoto Imperial Museum (1946) · Dominio público · vía Wikimedia Commons
Una hoja de katana ennegrecida por el fuego, expuesta en una vitrina, sin brillo ni línea de temple.
El Shokudaikiri Mitsutada, quemado en el terremoto de Kantō de 1923 y conservado sin retemplar, expuesto en el aeropuerto de Haneda en 2015: así queda un yakemi. Crédito: Himeno Masuta · CC BY-SA · vía Wikimedia Commons

Las heridas de uso

El hakobore (刃こぼれ) es una mella del filo. Si es pequeña, el pulidor la quita; una mella profunda obliga a rebajar mucho acero, con lo que eso gasta la hoja (ver el desgaste, más arriba). Aun así, hay pulidores que prefieren dejar una mella pequeña antes que deformar la hoja para quitarla: conservar la forma importa más.

Otras marcas cuentan una historia. El kirikomi (切り込み) es la muesca que dejó el golpe de otra hoja, casi siempre en el lomo, y el ya-kizu (矢疵), la huella de una flecha. Se llaman homare-kizu (誉れ疵), «heridas de honor»: prueban que la espada se usó de verdad y, lejos de restar, pueden sumar valor. El Ishida Masamune, del Museo Nacional de Tokio, conserva tantas marcas de corte que también se le llama Ishida Kirikomi Masamune.

Katana desnuda sobre un soporte de tela blanca en una vitrina, con varios focos reflejados a lo largo de la hoja.
El Ishida Masamune, Bien Cultural Importante del Museo Nacional de Tokio. Sus marcas de corte, pequeñas a esta escala, le valieron el nombre de Ishida Kirikomi Masamune: homare-kizu. Los reflejos de los focos muestran también cómo trabaja una luz puntual. Crédito: Kakidai · CC BY-SA · vía Wikimedia Commons

Añadidos y engaños

Algunas intervenciones tapan un defecto, y conviene saber reconocerlas:

  • umegane (埋金): un parche de acero incrustado para cerrar una fukure, una abertura o un picado de óxido (kuchikomi, 朽ち込み). Bien hecho, pasa inadvertido; si el acero del parche no tiene el mismo color, se nota. Y el parche no cura nada: el óxido sigue debajo y con los años puede hacerlo saltar. Los parches modernos mejor hechos siguen incluso el dibujo del grano para pasar inadvertidos.
  • ato-bi (後樋) y ato-bori (後彫): una acanaladura o un grabado añadidos después de la forja. No son malos por sí mismos, pero a veces se hacen para esconder un defecto; conviene mirar qué hay debajo. Un grabado original gastado, en cambio, no debería «restaurarse»: repasarlo lo convierte en un añadido.
  • kaki-bōshi (描き帽子): un bōshi «dibujado». Sobre una punta que ha perdido el temple, el pulidor lo simula con pequeñas marcas de aguja que imitan el brillo del nioi. Mirado muy de cerca y con buena luz se ven los pinchazos, y debajo no hay temple.

Con el hamon pasa algo parecido. El blanco que se ve en una hoja pulida al estilo actual no es el temple sino el hadori (刃取り), un blanqueado que el pulidor hace siguiendo el hamon y que por eso nunca lo copia del todo (ver El pulido y los cuidados). Sobre un tramo quemado o sin temple, un hadori puede dibujar un hamon que no existe. También hay acabados químicos que realzan el hamon y el grano con más contraste del que dan las piedras. Esos acabados pueden dejar óxido bajo la superficie y esconden la calidad real del acero.

Cuánto pesa la mano del pulidor lo muestra una historia que se cuenta en los talleres: una hoja pulida por Hirai Chiba (平井千葉), uno de los grandes pulidores del Japón moderno, perdió la mayor parte de su valor cuando otro la repulió. El acero era el mismo; lo que cambió fue cómo se veía.

La comprobación es sencilla y vale para todos estos casos: una luz puntual —una bombilla desnuda, una linterna— y la hoja inclinada poco a poco hasta que el reflejo recorra el filo. El temple real aparece entonces como una línea de granos brillantes (nie y nioi) con su propia forma, dentro o al borde del blanco; donde el blanco no esconde temple, no brilla nada. Un blanco sin actividad dentro, que no cambia al inclinar la hoja, pide mirarla con más calma y otra opinión.

Una última alerta: si una grieta del temple que se conocía ya no aparece tras un pulido nuevo, y el hamon está apagado justo en ese tramo, puede que se haya calentado la zona para esconderla.

Dos veces el mismo tramo de hoja: arriba, con una franja blanca; abajo, con granos brillantes a lo largo de la línea del temple bajo un foco, salvo en un tramo recuadrado.
A: con luz difusa y de frente, lo que se ve es la franja blanca del pulido (hadori). B: inclinada bajo una luz puntual, brillan los granos del temple (nie y nioi) a lo largo de la línea real, que no coincide del todo con el blanco. En el tramo recuadrado el blanco no esconde temple, y no brilla nada. Diagrama: Kantei

La gravedad, en una tabla

Un resumen orientativo: la gravedad real depende siempre del tamaño, del sitio y de la hoja concreta.

DefectoGravedadPor qué
hagireGravePuede partir la hoja al cortar. En la práctica de los talleres, no pasa a Tokubetsu Hozon.
karasuguchiGraveLa punta puede romperse.
shinae de forjaGraveDelata un acero que puede doblarse o partirse.
Punta sin templeGraveLa punta no aguanta el uso.
yakemi y saihaGrave para la obraLa hoja perdió su temple original y casi todo su valor artístico.
Hamon falso, kaki-bōshiGraveEsconden un tramo sin temple.
fukure, kitae-wareDependePequeños y lejos del filo, apenas cuentan; grandes, afean mucho.
hagarami, tsuki-no-waDependePesan más en la mitad alta de la hoja y en la punta.
nioi-gire, hajimi, yaki-kuzureDependeVisuales; cuentan más cuanto más largos.
tsukare, shingane a la vistaDependeDe cuánto acero queda y de la escuela.
hakoboreDependePequeña, se pule; profunda, obliga a gastar mucha hoja.
umegane, ato-bi, ato-boriDependeDe lo que tapan y de lo bien hechos que estén.
mizukageSeñal que comprobarPuede ser original o de un retemple.
masa-ware en grano masameNo es defectoEs propio de ese grano.
mukade-shinaeNo es defectoArrugas superficiales de enderezar; se van con los pulidos.
uchikomi, ishike, sumigomori pequeñosNo es defectoSin importancia práctica.
kirikomi, ya-kizuSumaSon homare-kizu: pruebas de uso real.