Kantei: cómo se mira una hoja
Kantei es mirar una hoja hasta poder decir quién la hizo, dónde y cuándo, antes de leer la firma. Aquí va el método: en qué orden se mira, qué pregunta responde cada paso, qué se lee en la espiga además del nombre, qué es un oshigata y cómo funciona el juego con el que los aficionados japoneses se entrenan desde hace siglos. El resultado de todo ese trabajo, el papel, tiene su propio tema: Papeles del NBTHK.
Qué es el kantei (y qué no es)
Kantei (鑑定) significa hoy atribuir una hoja a un herrero, una escuela, una provincia y una época a partir de lo que se ve en ella: la forma, el acero, el temple y la espiga. La misma palabra nombra el certificado que recoge esa atribución, el kanteisho (鑑定書), y el juego de adivinar al autor con la firma tapada, que se cuenta más abajo.
La palabra antigua es mekiki (目利), «tener ojo». Según el investigador Markus Sesko, el mekiki juzgaba sobre todo la calidad de una hoja por su aspecto, y en época Muromachi dio paso a un kantei cuyo fin principal ya era la atribución. Que en el siglo XIV había expertos que distinguían «lo bueno y lo malo» de las espadas lo recoge una crónica de la época, el Masukagami (増鏡).
En los talleres se habla también de un juicio de guerreros, el buke-mekiki (武家目利), el «ojo del samurái», que habría acompañado siempre al de los peritos de oficio. Según esa tradición, atendía a lo que importaba a quien llevaba la hoja, su calidad y su capacidad de corte, más que al dibujo del temple, y en época Momoyama, cuando los Hon'ami ya gozaban del favor de Toyotomi Hideyoshi, seguía habiendo guerreros con fama de entendidos, como el daimyō y poeta Hosokawa Yūsai, o la casa Hasegawa, de Mino, a la que se atribuyen genealogías de herreros y álbumes de calcos. Hoy la palabra kantei abarca el juicio, el papel y el juego, pero la pregunta del guerrero sigue en el fondo de todo: no solo de quién es la hoja, sino si es buena.
Dos cosas que el kantei no es. No es leer la firma: lo ideal es que la firma llegue al final y solo confirme lo que la hoja ya ha dicho, porque una firma se falsifica con más facilidad que la manera de trabajar de un herrero. Y no es el papel: un papel recoge el juicio de unos expertos en un momento dado; cambia lo que la gente piensa de la hoja, pero la hoja sigue siendo la misma que antes del examen (ver Papeles del NBTHK).
El orden de la mirada: primero la forma, al final el nakago
Lo habitual, en los autores y en las escuelas, es empezar y terminar por el mismo sitio: primero la forma (sugata, 姿) y al final la espiga (nakago, 茎). Entre medias se miran el acero (jigane, 地鉄), el temple (hamon, 刃文) y la punta templada (bōshi, 帽子), y el orden de esos pasos cambia de un autor a otro: unos ponen el acero antes que el temple y otros, como la rama europea del NBTHK, el temple antes que el acero. Lo que se repite es el orden de los extremos.
Cada paso contesta a una pregunta distinta:
| Paso | Qué se mira | Qué dice |
|---|---|---|
| 1. Forma | largo, curvatura y dónde cae su punto más alto, anchura, grosor, tamaño de la punta | la época |
| 2. Acero | densidad y dibujo del hada, color y claridad del metal | la región o la escuela |
| 3. Temple | dibujo del hamon, nie y nioi, actividad dentro del temple | la escuela o el herrero |
| 4. Punta | cómo gira el temple en el bōshi | afina la escuela y el herrero |
| 5. Espiga | pátina, limado, agujeros, firma | confirma y, a veces, fecha |
La forma se mira de lejos: la hoja en vertical, con el brazo estirado, para ver de una vez las proporciones, la curva y el equilibrio. Engaña poco; hasta las copias fieles de hojas antiguas suelen delatarse en algún detalle de la forma (ver La forma (sugata)). El peso en la mano orienta, pero la regla de «ligera, antigua; pesada, moderna» tiene tantas excepciones que no sirve sola.
El acero pide cuidado, porque su aspecto depende mucho del pulido: de su antigüedad, de la mano del pulidor y del acabado. Conviene fijarse en lo que el pulido no cambia, la densidad y el patrón del hada: un hada pareja en toda la hoja habla de un buen herrero. El temple, por último, se mira moviendo la hoja respecto a la luz, porque su actividad solo aparece en ciertos ángulos (ver El temple a la vista).
Cómo se sostiene y se mira una hoja
La costumbre japonesa pide un gesto antes de desenvainar: una leve inclinación ante la espada. Después, la hoja se saca despacio y con el filo hacia arriba, dejando que el lomo resbale por el interior de la vaina para que el filo no roce la madera. Para estudiarla a fondo se retira la clavija de bambú (mekugi, 目釘), se sacan la empuñadura y el collar (habaki, 鎺), y la hoja se sostiene por la espiga, con un paño o un papel fino entre la mano y el acero.
La luz es la herramienta. La forma y el color del acero se ven bien con luz difusa, pero la actividad del temple (el nie, el nioi y sus dibujos) solo aparece cuando se inclina la hoja hacia una luz concentrada y se va moviendo despacio, de la base a la punta y por las dos caras. Cada tramo de la hoja pide su ángulo, y el principiante que mira una hoja entera de un vistazo se pierde casi todo.
Dos normas de sentido común: el acero no se toca con los dedos, porque la grasa de la piel lo mancha y lo oxida, y no se le pasa nada por la superficie sin saber lo que se hace (ver El pulido y los cuidados). El pulidor y experto Nagayama Kōkan añadía una tercera, que recuerda la rama europea del NBTHK: antes de examinar una hoja, agradecer a todos los dueños que la han conservado hasta hoy.
Omote y ura: las dos caras
Cada hoja tiene un anverso, el omote (表), y un reverso, el ura (裏). El omote es la cara que queda hacia fuera cuando se lleva la espada puesta, y como las dos grandes maneras de llevarla son opuestas, también lo es la cara «de fuera».
El tachi colgaba del cinto con el filo hacia abajo: su cara exterior es el haki-omote (佩表) y la interior el haki-ura (佩裏). La katana se lleva metida en el obi con el filo hacia arriba: su cara exterior es el sashi-omote (差表) y la interior el sashi-ura (差裏). El herrero firma en la cara exterior, así que, puestas las dos hojas con la punta hacia el mismo lado, la firma cae en caras opuestas de la espiga: es la diferencia entre tachi-mei (太刀銘) y katana-mei (刀銘). Por eso los museos japoneses exponen el tachi con el filo hacia abajo y la katana con el filo hacia arriba: así el visitante ve siempre la cara firmada.
La regla tiene excepciones, porque hubo herreros que firmaban tachi en la otra cara. El lado de la firma orienta, pero no decide por sí solo si una hoja se hizo como tachi o como katana: la forma tiene la última palabra. La fecha, cuando la hay, suele ir en el ura.
Las excepciones más citadas son Yukihira, de Bungo, que por costumbre firmaba sus tachi en el haki-ura, y muchos tachi de la escuela Aoe, de Bitchū, con la firma en la cara interior. Una hoja acortada, además, conserva su tipo mientras conserva la firma: un tachi recortado por la espiga (suriage, 磨上) que todavía la tiene sigue siendo un tachi; si el recorte se la llevó, se trata como una katana; y una naginata muy acortada y convertida en espada pasa a ser una katana o un wakizashi.
Las dos caras tampoco tienen siempre el mismo temple, y eso no es por fuerza un defecto. Según la práctica de los talleres, hay cuatro causas: un temple desigual, frecuente en las hojas antiguas y raro en el shintō; una cara más rebajada que la otra por los pulidos; una construcción de aceros que no es simétrica; y, rara vez, la voluntad del herrero. El caso célebre de lo último es el Konotegashiwa (児手柏), un kodachi de Kanenaga, de la escuela Tegai de Yamato, de finales de Kamakura, con un temple ondulado en el omote y recto en el ura. Le puso el nombre Hosokawa Yūsai, por una planta que un poema del Man'yōshū (万葉集) usa como imagen de la gente de dos caras. Por eso el temple se juzga siempre mirando las dos caras.
El nakago como documento
La espiga no se pule nunca (ver Anatomía de la katana), y por eso guarda lo que el resto de la hoja ha perdido con los pulidos: la superficie que dejó el herrero, su limado y siglos de óxido. Un nakago se mira con la mano y con los ojos: el tacto, la pátina, el estado de los agujeros, el limado, la forma del remate, el acabado del lomo y, si hay firma, además de lo que dice, en qué dirección entró el cincel en cada trazo.
La pátina
La sabi (錆), la pátina de óxido de la espiga, ayuda a fechar y a autenticar. No hay un color «correcto» que valga para todas las hojas; lo que sí se reconoce es la pátina fabricada. Hace sospechar un óxido que no está asentado y parece joven para la edad que se atribuye a la hoja; una textura áspera o de granillo fino, como la que dejan los productos químicos; un color a manchas desiguales; un límite en línea recta entre la zona oxidada y la limpia, sin la transición natural; y, a veces, un olor distinto del óxido de siempre. Una pátina dudosa hace sospechar de una firma buena. Y la pátina auténtica no se limpia nunca: con ella se va información que no vuelve.
Sobre el color, los entendidos no se ponen de acuerdo: hay talleres que tienen por señal de buen acero una pátina negra y densa, y otros para los que la buena es la pardo-rojiza, color chocolate, nunca negra. Por eso vale más fijarse en los signos de la pátina fabricada que en un color.
El limado
El yasurime (鑢目) raya la espiga para que no resbale dentro de la empuñadura. Cada herrero lo hacía a su manera, con limas que él mismo fabricaba, y por eso sirve para distinguir escuelas y herreros. El limado inclinado al revés de lo habitual, el katte-agari (勝手上り), es propio de herreros zurdos y pesa mucho en una atribución. El limado decorativo, el keshō-yasuri (化粧鑢), que se combina con los demás, aparece en la segunda mitad del periodo shintō y ayuda a fechar (los tipos de limado están en Anatomía de la katana).
Los agujeros
El agujero de la clavija (mekugi-ana, 目釘穴) cuenta la vida de la hoja. Uno solo suele indicar una espiga original; varios, remontajes o un acortamiento, aunque algunas hojas del Bakumatsu, algunas lanzas y las hojas hechas para iai pueden llevar dos desde el principio. Además de cuántos hay, importa su forma: un agujero estirado en óvalo (urizane), dos que se funden en forma de calabaza (hyōtan, 瓢箪), uno que se solapa con otro en forma de corazón (inome, 猪の目) o uno tapado con metal blando (semegane) son casi siempre huellas de monturas sucesivas, no un diseño; el cuadrado (masugata, 枡形) es una forma arcaica. Sesko ha estudiado una clasificación de estas formas escrita en 1806, pero basta con la idea: la forma del agujero es historia.
Lo que se graba además del nombre
- La fecha (nenki, 年紀), con el nombre de la era (nengō, 年号), normalmente en el ura.
- El dueño: una inscripción de propiedad (shoji-mei, 所持銘) del tipo «de la posesión de tal señor».
- El encargo (chūmon-mei, 注文銘): para quién se hizo la hoja.
- La edad del herrero (gyōnen-mei, 行年銘), a menudo en un cumpleaños señalado y contada a la manera tradicional (kazoedoshi, 数え年): se nace con un año y se suma uno cada Año Nuevo.
- El resultado de una prueba de corte (tameshi-mei, 試銘), a veces incrustado en oro. Qué era esa prueba y quién la hacía se cuenta en Rangos, pruebas de corte y títulos.
Atribuciones escritas por otros
No todo lo escrito en una espiga lo escribió el herrero. Sobre hojas sin firma o acortadas, los expertos dejaban su dictamen en la propia espiga: incrustado en oro (kinzōgan-mei, 金象嵌銘), casi siempre obra de los Hon'ami; en laca roja (shu-mei, 朱銘); o en laca con polvo de oro (kinpun-mei, 金粉銘). Son atribuciones, no firmas, y se juzgan como tales: una incrustación de oro puede llegar a retirarse si la atribución deja de convencer. Por la misma razón, antes de «limpiar» una firma que parece dudosa hacen falta varias opiniones: una firma rara puede ser una costumbre local que nadie reconoció a tiempo, y rasparla destruye el documento.
Por qué hay hojas buenas sin firma
Una hoja sin firma (mumei, 無銘) no es por eso una hoja menor. Hay dos clases muy distintas. La ubu-mumei (生ぶ無銘) nunca tuvo firma: el herrero no la puso. La otra la perdió: al acortar mucho una hoja por la espiga (ō-suriage, 大磨上), la parte firmada desaparece. En esta segunda, a veces la firma se salvó recortándola y encastrándola en la espiga nueva (ver Anatomía de la katana), o un experto dejó su atribución en oro o en laca.
El caso más célebre es Masamune. Solo se aceptan unas pocas hojas firmadas por él, entre ellas el Fudō Masamune, el Kyōgoku Masamune y el Daikoku Masamune, y casi toda la obra que se le atribuye es mumei. Por qué firmaba tan poco no se sabe. La escasez de firmas llegó a alimentar, en época Meiji, la teoría de que Masamune no había existido, que las hojas firmadas desmienten (ver Espadas célebres y leyendas).
Para las hojas que nunca se firmaron se proponen varias explicaciones, todas hipótesis: que un herrero no firmaba por respeto una ofrenda a un templo o a un santuario, o una hoja hecha para un gran señor; o que en algunos talleres la costumbre era firmar poco. Ninguna vale para todos los casos. Lo seguro es que, sin firma, la atribución depende por entero de la hoja, y ahí es donde el kantei hace su trabajo: los papeles del NBTHK atribuyen hojas mumei a un herrero o a una escuela, y lo dicen así, como atribución.
Hay casos que ilustran esas explicaciones. Las espadas que el santuario de Ise renueva cada veinte años con el resto de sus tesoros, en la ceremonia del traslado (shikinen sengū, 式年遷宮), se hicieron durante siglos sin firma; se cuenta entre los herreros que fue un forjador moderno, reconocido como tesoro nacional vivo, el primero en firmar la suya, como quien responde de su obra. El santuario Kasuga Taisha, en Nara, guarda tachi que la nobleza le ofrendó desde época Heian; se ha contado de uno sin firma, del estilo del antiguo Bizen, que pasó siglos allí antes de volver a pulirse, y allí mismo se identificó en 2017 un tachi largo de finales de Heian, atribuido a los primeros herreros de Hōki. Muchas hojas de Yamato, hechas para los grandes templos, tampoco se firmaban, y hay escuelas que firmaban solo con el nombre del grupo, como el Ichimonji de Bizen, a veces con un único trazo (一, ichi), o la escuela Gassan.
Otras veces la firma se quitó a propósito. Cuando los Tokugawa empezaron a mirar con malos ojos las hojas de Muramasa, hubo dueños que borraron o alteraron su firma. Se cuenta también de daimyō que rasparon la firma de una reliquia de la familia para que el shōgun no la reclamara, y de firmas de herreros menores borradas para hacer pasar la hoja por un ō-suriage de un gran nombre. Ante una espiga sin firma, la pregunta es siempre triple: si nunca la tuvo, si se perdió al acortar o si alguien la quitó.
El oshigata: una lectura, no una foto
Un oshigata (押形) es un calco de la hoja: el contorno y la espiga con su firma se sacan frotando una tinta sólida sobre un papel fino apoyado en el acero, y el hamon se dibuja después a mano, mirando la hoja. Es una práctica propia de Japón.
Empezó en época Muromachi con dibujos de firmas y espigas, probablemente para enseñar a reconocer firmas falsas. En Momoyama pasó a recoger la forma y el temple; el más famoso de entonces es el de Hon'ami Kōtoku, con las hojas de Toyotomi Hideyoshi. El método actual, con una tinta sólida llamada sekkaboku (石華墨), al principio importada de China, se fijó a finales de Edo, y en época Meiji se empezó a dibujar el hamon a lápiz, con más precisión. El papel se sujeta con pesos, nunca con imanes, que magnetizarían la hoja.
La fotografía le ha quitado protagonismo, pero el oshigata sigue vivo en el estudio, en los libros de referencia y en los exámenes. Dibujar bien un hamon es difícil y lo hacen pocos, sobre todo pulidores. Y ahí está su límite: un oshigata es la lectura de alguien. Sesko ha publicado varios oshigata de una misma hoja, hechos por expertos, que no coinciden ni en el recorrido del hamon, ni en su actividad, ni en la punta. Influyen lo familiarizado que esté el dibujante con el herrero, el pulido (en un pulido reciente algunos detalles destacan más, y la hoja se «calma» con los años) y el propio dibujante. Un oshigata ayuda a estudiar, pero no sustituye a la hoja ni a una buena fotografía.
Las palabras del kantei: imágenes y elegancia
El vocabulario del kantei suena a poesía y confunde al principiante. Tiene una explicación: no lo crearon metalúrgicos, sino aficionados letrados que describían lo que veían con imágenes. Detrás hay ciencia, porque la actividad del temple (hataraki, 働き) son formaciones de martensita, con cristales grandes en el nie y diminutos en el nioi, pero los nombres son de paisaje:
| Término | La imagen | Qué es |
|---|---|---|
| sunagashi (砂流し) | arena que corre | barridos de nie a lo largo del hamon, como el dibujo que deja la arena arrastrada por el agua |
| kinsuji (金筋) | hilos de oro | trazos cortos y brillantes de nie dentro del temple, que siguen las capas del acero; no llevan oro |
| inazuma (稲妻) | relámpago | un trazo fino que zigzaguea a través del nie o del nioi |
| yubashiri (湯走り) | agua caliente que corre | manchas de nie o de nioi que se desprenden del hamon hacia el cuerpo de la hoja |
| imozuru (芋蔓) | tallo de batata | un kinsuji grueso, largo y apagado, que se asocia a las hojas de Satsuma |
| mizukage (水影) | sombra en el agua | una utsuri que sube en diagonal desde la base de la hoja; se asocia al retemplado (saiha), pero no lo prueba por sí sola, porque la escuela de Horikawa Kunihiro la tiene en hojas originales |
Las imágenes también crían leyendas. El sunagashi no se consigue echando arena al barro del temple, como a veces se oye, ni el mizukage marca el nivel del agua en la cuba. Y hasta los nombres tienen su lectura: hay quien oye en imozuru un punto de broma hacia Satsuma, tierra de batatas, y quien lo toma como elogio de la destreza de sus herreros.
Cómo se forman y cómo se ven estos fenómenos se cuenta en El temple a la vista; aquí interesan como palabras del kantei.
La otra familia es la de la elegancia, útil para leer las descripciones del NBTHK. Son palabras corrientes del japonés que el lenguaje de la espada usa con matices propios, y Sesko las ha estudiado una a una:
- kōga (高雅): noble y refinada; se dice de los tachi de mediados y finales de Heian y de Kamakura.
- koga (古雅): la elegancia que da la antigüedad.
- fūga (風雅): la de un gusto personal y buscado.
- tenga (典雅): clásica y correcta.
- yūga (優雅): la que logra el artista.
- kanga (閑雅): calma y contenida; se dice, por ejemplo, de un temple recto y sobrio en un herrero que solía ser llamativo.
El juego del kantei
El nyūsatsu kantei (入札鑑定), el «kantei por pujas», es la manera tradicional de entrenar el ojo. Se presentan varias hojas con la espiga tapada; cada participante escribe su «puja», el nombre del herrero que cree que la hizo, y el juez contesta con una fórmula fija que le dice cuánto se ha acercado. Con esa pista se vuelve a pujar; lo corriente es tener hasta tres pujas por hoja.
| Respuesta | Qué quiere decir |
|---|---|
| atari (当り) | acierto: es ese herrero |
| dōzen (同然) | «como si lo fuera»: el maestro, un discípulo o alguien de la familia del autor; se da por bueno |
| kuni-iri (国入り) | la provincia es la buena, el herrero no |
| tōri (通り) | otra provincia, pero de la misma gran región histórica, uno de los caminos del antiguo sistema de circuitos (goki-shichidō, 五畿七道) |
| jidai-chigai (時代違い) | la época está equivocada |
| iya (イヤ) | nada que ver |
El núcleo es común, pero los nombres exactos y la puntuación cambian de un club a otro. En general, un acierto a la primera puntúa más que a la segunda, y un dōzen algo menos que un atari.
El juego es antiguo. Los Hon'ami lo recomendaban como práctica en época Edo, y hay registros seguros al menos desde el Bakumatsu: Sesko ha estudiado las listas de dos sesiones de 1860 y 1861 que conservó un samurái de Satsuma, con los dueños que presentaban las hojas, jueces que se turnaban, los puntos anotados en tinta roja y un ganador. La mecánica es casi la misma que hoy.
El NBTHK lo mantiene de dos maneras. En su reunión mensual de estudio (teirei kanshōkai, 定例鑑賞会), el segundo sábado de cada mes en el Museo de la Espada de Tokio, se presentan hojas para kantei y después se publica cada respuesta con su razonamiento. Y en su revista, el shijō kantei (誌上鑑定), el «kantei sobre el papel», da cada mes los datos y el oshigata de una hoja sin su firma; los socios envían un voto y la solución sale en un número posterior.
La advertencia de siempre: acertar muchas no es entender la hoja. Lo que se entrena es la mirada, y se aprende uniendo lo leído con lo visto y preguntando a quien sabe.
El filo y el corte: por qué la hoja no se juzga por lo que corta
«¿Cuánto corta?» es la pregunta que más se oye y la que menos dice. El corte depende del ángulo del filo, de lo afilado que esté, de la dureza del temple, que tiene que equilibrarse con la tenacidad porque un filo muy duro es frágil, y de la forma y la curva de la hoja. Y casi todo eso cambia con cada pulido.
La hoja japonesa no busca el filo más agudo posible. Sus caras se abomban hacia el filo, con «carne» (niku, 肉), en lo que se llama hamaguri-ba (蛤刃), el filo «de almeja». Un filo así es más obtuso y, por sí mismo, corta menos que uno de caras planas; a cambio, resiste más, y la curva de la sección reduce el rozamiento y deja que la hoja entre hondo sin quedarse pegada. Quitarle carne a una hoja antigua para que corte más la consume para siempre.
No es una advertencia teórica. Hay practicantes del corte de esteras (tameshigiri, 試し斬り) que rebajan hojas antiguas para quitarles carne y que entren mejor en el blanco, y con eso las destruyen: lo que se quita no vuelve, y una hoja de siglos queda convertida en una herramienta gastada. Para cortar esteras se hace una hoja nueva; la antigua se conserva.
Por eso el kantei no prueba la hoja: la estudia. La forma, el acero y el temple dicen más de una hoja que cualquier ensayo, y no la gastan. Las pruebas de corte históricas, sus inscripciones y las listas de herreros que salieron de ellas se cuentan en Rangos, pruebas de corte y títulos.
Breve historia de los peritos
Los libros de espadas más antiguos que se conservan son repertorios de herreros y firmas, los mei-zukushi (銘尽). Hasta 2017 se tenía por el primero el Kanchiin-bon (観智院本), llamado así porque procede del Kanchiin, un subtemplo del Tō-ji de Kioto: es una copia de 1423 de materiales reunidos hacia 1316, con listas de herreros, genealogías de escuelas y dibujos de espigas. Ese año apareció en el archivo de la familia Ryūzōji, en la Biblioteca de la Prefectura de Saga, un mei-zukushi copiado en 1351 en el dorso de unos borradores, que es hoy el más antiguo conocido.
Los Hon'ami (本阿弥) fueron la gran familia de peritos. La tradición la hace remontar a Myōhon (m. 1353), al servicio del shōgun Ashikaga Takauji. Hon'ami Kōtoku (m. 1619), noveno cabeza de la familia, obtuvo de Toyotomi Hideyoshi, a comienzos de la era Keichō, la autorización para dictaminar espadas y emitir certificados, los origami (折紙), y desde entonces la familia fue la autoridad del kantei durante todo el periodo Edo. En 1611 se hizo el Kokon mei-zukushi (古今銘尽), que con sus muchas ediciones extendió el conocimiento de las espadas entre los samuráis. Y el decimotercer cabeza, Hon'ami Kōchū, compiló con su familia, por encargo del shōgun Tokugawa Yoshimune, el Kyōhō meibutsuchō (享保名物帳), la lista de las espadas famosas (ver Espadas célebres y leyendas; un origami de Kōchū está en Papeles del NBTHK).
En la era moderna, Hon'ami Kōson (1879–1955), pulidor e investigador, fundó en 1914 una sociedad de estudio de la espada, acercó ese estudio al gran público y dio su forma final a la clasificación de las cinco tradiciones (ver El gokaden y las escuelas). Después de la guerra, Honma Junji (1904–1991), especialista en hojas antiguas, y Satō Kan'ichi (1907–1978), especialista en shintō, conocidos por sus nombres de pluma, Kunzan y Kanzan, como «los dos san» (ryōzan, 両山), estuvieron entre quienes convencieron a las autoridades de ocupación de que la espada japonesa era arte y no solo un arma. En 1948 nació el NBTHK, del que ambos fueron figuras centrales.
Los peritos ya avisaban de los límites de sus propios documentos. En 1956, Satō Kanzan advirtió en la revista del NBTHK de que circulaban sayagaki (鞘書), dictámenes escritos en la vaina de madera, falsos y con su nombre, y pidió que nadie comprara por un sayagaki, sino mirando la hoja. Hacia 1800, un comerciante mandó examinar a los Hon'ami un tantō firmado «Masamune»: resultó ser de otro herrero del mismo nombre, de Mino, y además tenía una grieta en el filo. Ni la firma ni el documento sustituyen a la hoja.
Para seguir leyendo
- Markus Sesko · la serie KANTEI Lectura recomendada, en inglés: artículos que siguen el orden clásico, de la forma al acero, el temple y la punta, y después las escuelas. Se detiene en Yamashiro.
- Study of Japanese Sword · cómo se maneja una hoja Paso a paso, en inglés, de cómo se desenvaina, se sostiene y se mira una hoja, con fotos.
- Tōken Kenkyū Rengōkai · el nyūsatsu kantei Una asociación japonesa de estudio explica el juego y las respuestas del juez. En japonés.
- Wikipedia en japonés · oshigata Historia del calco de espadas, de los dibujos de Muromachi al lápiz de Meiji. En japonés.
- Wikipedia en japonés · la espada japonesa El artículo de referencia; su apartado de apreciación resume qué se mira y en qué orden. En japonés.
- NBTHK La sociedad que emite los papeles, con su Museo de la Espada y sus reuniones de estudio. En japonés.