Espadas célebres y leyendas
Unas pocas espadas japonesas tienen nombre propio, una historia de dueños que se puede seguir y una leyenda que a menudo pesa más que la historia. Este tema separa las dos cosas: qué es un meibutsu y quién los catalogó, cuáles son las cinco espadas bajo el cielo y dónde están hoy, qué se sabe de Masamune y de Muramasa más allá del mito, y qué espadas célebres se han perdido. Donde lo que se cuenta es una leyenda o la opinión de un solo autor, se dice.
Qué es un meibutsu
Un meibutsu (名物), «cosa célebre», es en sentido estricto una espada que figura en el Kyōhō meibutsuchō (享保名物帳), el catálogo de espadas famosas que el shōgun Tokugawa Yoshimune (徳川吉宗) encargó a la familia de peritos Hon'ami (本阿弥). La orden es de 1718 y el catálogo se cierra en 1719, bajo Hon'ami Kōchū (本阿弥光忠). El original no se conserva: lo que hay son copias de varias ramas que no coinciden del todo, así que cualquier recuento se lee «según la copia».
La cuenta más citada da 248 espadas, de las que unas ochenta ya se habían perdido cuando se redactó, casi siempre en incendios; con los suplementos posteriores, el total llega a 274. Faltan piezas famosas por un motivo muy práctico: algunos daimyō no declararon sus mejores hojas por miedo a que el shogunato se las quedara. Cada entrada da el nombre de la espada, el herrero, la longitud y la cadena de dueños, y el apodo que acompaña al nombre del herrero —Heshikiri Hasebe, Daihannya Nagamitsu— casi siempre guarda una anécdota.
La espada como moneda política
Mucho antes del catálogo, la espada era el regalo obligado entre guerreros. En época Muromachi había ocasiones fijas para regalarla —el Año Nuevo, la visita del shōgun, una sucesión, un ascenso—, y los tratados de etiqueta explicaban qué hojas eran dignas de ofrecerse a un superior: ni acortadas ni sin firma, y de una lista corta de herreros clásicos. Desde finales de Muromachi se fijan además tasaciones escritas, daizuke (代付), y en Edo los Hon'ami las recogen en sus certificados, origami (折紙; ver «Papeles del NBTHK»). Alguna pieza se declaró «sin precio», mudai (無代), la mayor distinción posible.
El Daihannya Nagamitsu (大般若長光) es el caso de manual: su tasación de época Muromachi igualaba en número los seiscientos rollos del sutra Daihannya-kyō (大般若経), y de ahí el nombre. Pasó de los shōgun Ashikaga a Oda Nobunaga, que se lo dio a Tokugawa Ieyasu tras la batalla del Anegawa (1570); Ieyasu lo entregó a Okudaira Nobumasa por su defensa del castillo de Nagashino (1575). Hoy es tesoro nacional y está en el Museo Nacional de Tokio.
Las cinco espadas bajo el cielo (tenka goken)
Las tenka goken (天下五剣), «las cinco espadas bajo el cielo», son el grupo de espadas célebres más citado. Antes de la lista conviene saber dos cosas. La primera: el grupo es de Edo, no de Muromachi. El primer texto conocido que junta las cinco es un manuscrito de Edo emparentado con el catálogo de Kyōhō, el Shoke meikenshū (諸家名剣集), y no hay documento que respalde la tradición de un origen más antiguo. La segunda: no son «las cinco mejores». El experto Satō Kanzan las describió como obras maestras con una historia ilustre detrás, y el historiador Hiroi Yūichi hace notar que ninguna es de Bizen, la tradición que más espadas produjo.
| Espada | Herrero | Dónde está hoy | Estatus |
|---|---|---|---|
| Dōjigiri (童子切) | Yasutsuna (安綱), provincia de Hōki | Museo Nacional de Tokio | Tesoro nacional, kokuhō (国宝) |
| Mikazuki (三日月) | Sanjō Munechika (三条宗近), Kioto | Museo Nacional de Tokio | Tesoro nacional |
| Ōdenta (大典太), también leído Ōtenta | Miike Mitsuyo (三池光世), provincia de Chikugo | Fundación Maeda Ikutokukai | Tesoro nacional |
| Onimaru (鬼丸) | Awataguchi Kunitsuna (粟田口国綱), Kioto | Colección imperial | Propiedad de la Casa Imperial, gyobutsu (御物), fuera del sistema de bienes culturales |
| Juzumaru (数珠丸) | Tsunetsugu (恒次); se discute si Ko-Aoe o Ko-Bizen | Templo Honkō-ji (本興寺), Amagasaki | Bien cultural importante, jūyō bunkazai (重要文化財) |
Leyenda y dato de cada una
- Dōjigiri. Leyenda: con ella Minamoto no Yorimitsu (源頼光) decapitó al ogro Shuten Dōji (酒呑童子) en el monte Ōe. Dato: la leyenda se pone por escrito en época Muromachi, siglos después de la hoja, y la cadena de dueños anterior a Edo no tiene documento de su tiempo. Pasó al Estado en 1963.
- Mikazuki. Leyenda: el shōgun Ashikaga Yoshiteru habría peleado con ella en su última batalla, en 1565. Dato: ninguna fuente de aquella muerte nombra la espada; la historia segura empieza con Kōdai-in, la viuda de Toyotomi Hideyoshi, que la legó a Tokugawa Hidetada en 1624. El nombre, «luna creciente», viene de las marcas en media luna de su temple, uchinoke (打除け).
- Ōdenta. Leyenda: puesta junto a la cama de una hija enferma de los Maeda, la sanaba; devuelta, la enfermedad volvía, hasta que a la tercera vez la familia se la quedó como regalo. La guardaban en un almacén donde, decían, no se posaban los cuervos. Dato: los Maeda de Kaga la conservaron durante todo Edo, y hoy la custodia su fundación.
- Onimaru. Leyenda: según el Taiheiki (太平記), la espada salió sola de su vaina y cortó al pequeño demonio que atormentaba en sueños a un regente Hōjō; las versiones no se ponen de acuerdo en cuál. Dato: pasó por los shōgun Ashikaga y hoy es propiedad de la Casa Imperial.
- Juzumaru. Leyenda: era la espada del monje Nichiren (日蓮), que ató a su empuñadura un rosario budista, juzu, de donde sale el nombre. Dato: desapareció del templo Kuon-ji (久遠寺) en el siglo XVIII, reapareció hacia 1920 y acabó en el Honkō-ji; su escuela sigue discutida.
Los tres grandes (tenka sansaku)
Tres nombres dominan el catálogo de Kyōhō, y por eso se les llama tenka sansaku (天下三作), «las tres obras bajo el cielo»: Masamune (正宗), de Sagami; Awataguchi Yoshimitsu (粟田口吉光), el «Tōshirō» (藤四郎) de Kioto, maestro del tantō; y Gō Yoshihiro (郷義弘), de Etchū. Según la cuenta que recoge Wikipedia, el catálogo reúne 59 obras de Masamune (18 ya perdidas), 34 de Yoshimitsu (18 perdidas) y 22 de Gō (11 perdidas). Otras copias dan cifras distintas —Markus Sesko, sobre otra rama del texto, cuenta bastantes menos—, así que los números dicen sobre todo cuánto pesaba cada nombre en el gusto de Edo.
El título no es un veredicto sobre la calidad, sino un reflejo de lo que coleccionaban los grandes señores y de lo que los Hon'ami atribuían. Sadamune (貞宗), el sucesor de Masamune, tiene en el catálogo tantas obras como Gō y la tradición no lo incluyó en el trío. Y hay una paradoja: Gō Yoshihiro no dejó ninguna hoja firmada, y todo lo suyo es atribución. En Edo se decía que hay dos cosas que nadie ha visto nunca: un fantasma y un Gō.
Masamune: el nombre, el hombre y la duda
De Masamune (正宗), llamado Gorō Nyūdō Masamune (五郎入道正宗), se sabe menos de lo que su fama hace pensar. Trabajó en Kamakura al final de ese periodo, y su obra se sitúa entre 1288 y 1328; las fechas de nacimiento y muerte que circulan (1264–1343) salen de un libro tardío. Su nombre aparece ya en una genealogía de herreros de Sagami incluida en el Meizukushi (銘尽), un texto fechado en 1316 que se conserva en una copia de 1423.
Firmó muy poco. Se aceptan como firmados unos pocos tantō —el Fudō, el Kyōgoku y el Daikoku Masamune— y casi nada más; el resto de lo que se le atribuye es mumei o lleva la atribución incrustada en oro por los Hon'ami. La tradición explica la falta de firma por modestia: lo que se forjaba para el gobierno de Kamakura o como regalo a un superior no se firmaba. Es una explicación, no un documento. La misma costumbre explica otras hojas excelentes sin firma: lo que se ofrecía a un santuario o a un templo, o se forjaba por encargo de un gran señor, se dejaba sin nombre por respeto, y en los talleres se dice que por eso son mumei tantas hojas antiguas de Yamato, tierra de grandes templos. Hoy tiene nueve tesoros nacionales, cuatro katana y cinco tantō.
Cuando los Hon'ami atribuían una hoja sin firma, tenían dos maneras de dejarlo escrito: incrustar el nombre en oro, kinzōgan-mei (金象嵌銘), o escribirlo con laca roja, shu-mei (朱銘), que no toca el metal. Según la práctica de los talleres, el oro se reserva a las espigas ya acortadas, donde no queda nada original que proteger; incrustar una atribución en una espiga intacta y sin firma le quita para siempre lo que tenía de original, y los coleccionistas serios lo tienen por una falta de respeto a la hoja.
Los «diez discípulos» de Masamune, el Masamune jittetsu (正宗十哲; también transcrito juttetsu), son una lista tardía: las fechas de varios de ellos no casan con las del maestro. Sadamune, Gō Yoshihiro y los demás están en «Herreros célebres, periodo a periodo».
La duda de 1896
En 1896 Imamura Chōga (今村長賀), perito de espadas de la Casa Imperial, sostuvo en una serie de artículos en el diario Yomiuri que Masamune no había existido tal como se le contaba, o que había sido un herrero corriente cuya fama inflaron Toyotomi Hideyoshi y los Hon'ami. Sus argumentos: no había firmas seguras, y las listas de herreros de Muromachi no lo destacaban. La tesis, conocida como Masamune massatsuron (正宗抹殺論), «la teoría que borra a Masamune», abrió una polémica que duró años. Se recoge aquí como lo que fue: la opinión de un experto de su tiempo. La investigación posterior aceptó que Masamune existió; lo que sigue abierto es cuánta de la obra que se le atribuye es de su mano.
Muramasa: la maldición y el teatro
Muramasa (村正) fue una escuela de Kuwana, en la provincia de Ise, con al menos tres generaciones; la hoja fechada más antigua es de 1501. Sus hojas cortaban muy bien y tenían un estilo agresivo. Ninguna es tesoro nacional ni bien cultural importante: la más reconocida, el Myōhō Muramasa (妙法村正) de 1513, es bien de arte importante, jūyō bijutsuhin (重要美術品). El sobrenombre Sengo (千子) tiene varias explicaciones legendarias y ninguna segura.
Cómo nace la maldición
Los vasallos de Mikawa que servían a los Matsudaira, la familia de Tokugawa Ieyasu, usaban muchas hojas de Muramasa porque cortaban bien. Por pura estadística, varias desgracias de la familia llevan esa firma: el abuelo de Ieyasu, Matsudaira Kiyoyasu, murió en 1535 a manos de un vasallo que empuñaba un Muramasa; su padre, Hirotada, fue herido por otro, también con un Muramasa según la tradición; y en 1579 su hijo Nobuyasu, obligado a hacerse el seppuku, fue decapitado con un Muramasa.
Lo que falta en esa historia es la prohibición. Los Tokugawa guardaban Muramasa, y la rama de Owari conservó uno como herencia de familia. Que Ieyasu los tuviera por malditos y los proscribiera de su casa sale de un libro de 1787, el Kashiwazaki monogatari (柏崎物語), y entró en la crónica oficial de la casa, el Tokugawa jikki (徳川実紀), en 1849. La espada sedienta de sangre viene del teatro y es anterior a ese libro: la populariza el kabuki desde 1781, y obras como Kago-tsurube sato no eizame (籠釣瓶花街酔醒, 1888) la fijan en el imaginario. En el Bakumatsu (1853–1868) los enemigos del shogunato buscaban Muramasa como símbolo, y se falsificaron muchos; en sentido contrario, abundan los Muramasa con la firma raspada o cambiada para poder llevarlos sin problemas.
El cuento del río
La leyenda que más se cuenta enfrenta a los dos nombres, casi siempre como maestro y discípulo: cada uno mete su hoja en un arroyo; la de Muramasa corta todo lo que arrastra la corriente, hojas secas y peces, y la de Masamune no corta nada inocente: las hojas que flotan se apartan de ella. La moraleja —la mejor espada no es la que más corta— es buena, pero la escena es imposible: entre Masamune, hacia 1300, y Muramasa, hacia 1500, hay unos doscientos años.
En los talleres se lee, en cambio, como retrato de dos épocas, y así leída la historia funciona. Masamune trabaja al final de Kamakura, cuando Japón acaba de rechazar dos invasiones mongolas y se prepara para una tercera: su hoja es de forma mesurada y de una calidad excepcional. Muramasa trabaja en pleno Sengoku, un siglo de guerras en que los señores luchan hasta contra sus padres y hermanos y nadie se fía de nadie: su hoja tiene algo más de curva, un perfil fino que entra bien y un temple irregular y abrupto; está hecha para usarse. La diferencia entre las dos hojas es la diferencia entre sus tiempos.
Espadas con nombre: la leyenda y el dato
Muchas espadas célebres llevan un apodo que cuenta una historia. Aquí van algunas, con la leyenda separada de lo que se puede comprobar; casi todas las leyendas vienen de relatos épicos como el Heike monogatari (平家物語) o de obras de teatro, y así hay que leerlas.
- Heshikiri Hasebe (へし切長谷部). Herrero: Hasebe Kunishige (長谷部国重), tenido por discípulo de Masamune. Dónde está hoy: Museo de la Ciudad de Fukuoka. La leyenda: Oda Nobunaga alcanzó a un sirviente escondido bajo un mueble de cocina y lo cortó a través del mueble, apretando la hoja en vez de dar un tajo: eso quiere decir heshikiri, «cortar apretando». Lo que se sabe: Tesoro nacional desde 1953. Según el catálogo de Kyōhō pasó de Nobunaga a Toyotomi Hideyoshi y de este a Kuroda Nagamasa; las crónicas de los Kuroda dan otro camino. El nombre también se escribe Heshikiri (圧切).
- Nikkari Aoe (にっかり青江). Herrero: Escuela Aoe (青江), provincia de Bitchū. Dónde está hoy: Museo municipal de Marugame, desde 1997. La leyenda: Un guerrero corta de noche a un fantasma de mujer que le sonríe —nikkari es esa sonrisa— y a la mañana siguiente encuentra partido en dos un farol de piedra. Lo que se sabe: Ō-wakizashi, bien de arte importante desde 1940. Las versiones no coinciden en quién fue el guerrero.
- Shishiō (獅子王). Herrero: Sin firma; estilo de Yamato. Dónde está hoy: Museo Nacional de Tokio. La leyenda: El emperador premia con ella a Minamoto no Yorimasa (源頼政) por abatir al nue (鵺), una quimera que cada noche llegaba sobre el palacio envuelta en una nube negra y le quitaba el sueño. Yorimasa la derriba de un flechazo y su sirviente, Ino no Hayata (猪早太), la remata con su daga; a la luz de las antorchas aparece un monstruo con cara de mono, patas de tigre y cola de serpiente, que echan al río en una barca. Lo que se sabe: Tachi de época Heian con su montura, bien cultural importante. Se ha discutido que la hoja conservada sea la de la leyenda. Detrás del monstruo hay seguramente un pájaro de verdad: el canto nocturno y quejumbroso del zorzal dorado, tora-tsugumi (虎鶫), al que en japonés todavía se llama nue. La escena de Yorimasa, Hayata y el nue es un motivo corriente en las guarniciones, a veces repartida entre las dos piezas metálicas de los extremos del puño (ver «Estilos de montura (koshirae)»).
- Higekiri (髭切). Herrero: Atribuida a Yasutsuna (安綱). Dónde está hoy: Santuario Kitano Tenmangū (北野天満宮), Kioto. La leyenda: La pareja de espadas de los Minamoto, Higekiri y Hizamaru (膝丸), cambia de nombre episodio tras episodio; con Higekiri, Watanabe no Tsuna le corta el brazo a un demonio. Lo que se sabe: La hoja que el santuario conserva con ese nombre, llamada también Onikirimaru, es bien cultural importante; su firma de Yasutsuna se retocó para leerse Kunitsuna.
- Kogarasumaru (小烏丸). Herrero: Atribuida al legendario Amakuni (天国). Dónde está hoy: Colección imperial. La leyenda: Tesoro de los Taira; una de las explicaciones de su nombre, «pequeño cuervo», dice que la trajo un cuervo enviado por los dioses. Lo que se sabe: Hoja de kissaki-moroha-zukuri (鋒両刃造), con la mitad delantera de doble filo, una forma de paso entre la espada recta y la curva. Se data entre finales de Nara y mediados de Heian; la conservaron los Ise en Edo; la compraron después los Sō de Tsushima, que en 1882 la regalaron al emperador Meiji. Según la práctica de los talleres, el doble filo largo es raro en la espada japonesa por una razón de oficio: al templar, la hoja se curva sola, y con dos filos endurecidos esa tensión, y luego la del golpe, no tiene por dónde descargarse; hay herreros que lo tienen por una forma sólo al alcance de un maestro. Cuando la era samurái se acababa, la forma volvió por nostalgia: en el Bakumatsu y en Meiji varios herreros hicieron copias, entre ellas una de Gassan Sadakazu (月山貞一) fechada en 1903.
- Ichigo hitofuri (一期一振). Herrero: Awataguchi Yoshimitsu (粟田口吉光). Dónde está hoy: Colección imperial. La leyenda: «La única de una vida»: el único tachi que habría forjado Yoshimitsu, especialista en tantō. Lo que se sabe: Toyotomi Hideyoshi lo hizo acortar conservando la firma en una placa, gakumei (額銘); se quemó en el castillo de Osaka en 1615 y lo retempló Yasutsugu (康継).
- Kiku gosaku (菊御作). Herrero: El emperador retirado Go-Toba (後鳥羽), con los herreros que llamaba a palacio. Dónde está hoy: Se conservan varias; la del Museo Nacional de Kioto es bien cultural importante. La leyenda: Go-Toba forjaba él mismo y marcaba sus hojas con un crisantemo, y de ahí vendría el crisantemo como emblema de la casa imperial. Lo que se sabe: A comienzos del siglo XIII Go-Toba hizo venir a palacio, por turnos mensuales, a herreros sobre todo de Yamashiro, Bizen y Bitchū, los goban kaji (御番鍛冶); las hojas de ese taller con el crisantemo grabado en la espiga son las «obras imperiales del crisantemo». Según la práctica de los talleres, lo más probable es que el emperador interviniera sólo en el temple, yaki-ire (焼き入れ), la fase que un aficionado puede hacer bien guiado por un maestro; el resto era trabajo de los herreros de turno.
Espadas perdidas
La lista de espadas célebres que ya no existen, o de las que no se sabe nada, empieza en el propio catálogo de Kyōhō: unas ochenta de sus entradas eran ya espadas destruidas cuando se redactó. Tres pérdidas pesan especialmente.
- Honjō Masamune (本庄正宗). La espada de Masamune más famosa. Toma el nombre de Honjō Shigenaga (本庄繁長), general de los Uesugi, que la ganó en 1588 en la batalla de Jūgorigahara (十五里ヶ原): se la arrebató en combate a Tōzenji Katsumasa (東禅寺勝正). Pasó por Toyotomi Hideyoshi y otros señores hasta los Tokugawa; la rama de Kishū la tuvo hasta 1667, cuando la ofreció al shōgun, y desde entonces encabezó las espadas que cada shōgun legaba a su sucesor. Se designó tesoro nacional en 1939, con el sistema de entonces. En diciembre de 1945 Tokugawa Iemasa, cabeza de la casa principal de los Tokugawa, la entregó, con otras espadas de la familia, a la comisaría de Mejiro, en Tokio, y en enero de 1946 la policía se la dio a un sargento del ejército estadounidense. Desde entonces no se sabe dónde está. Quedan sus dibujos, oshigata (押形).
- Hotarumaru (蛍丸). Ōdachi de Rai Kunitoshi (来国俊) que custodiaba el santuario de Aso, en Kumamoto. La leyenda cuenta que, tras una batalla del siglo XIV, su dueño soñó con luciérnagas que reparaban las mellas de la hoja, y al despertar la encontró intacta. Protegida desde 1931 con el sistema de antes de la guerra, desapareció con las entregas de espadas de la posguerra y no se ha vuelto a ver.
- Kogitsunemaru (小狐丸). La espada de la obra de teatro nō Kokaji (小鍛冶): Sanjō Munechika la forja para el emperador Ichijō con la ayuda del dios Inari, que se le aparece en forma de zorro. La obra consta desde 1578; la espada de la leyenda se da por perdida.
Para seguir leyendo
- Markus Sesko · Japanese Sword Legends Las leyendas de las espadas célebres, una por una, con sus fuentes japonesas y lo que se sabe de cada pieza. En inglés.
- Wikipedia · Tenka-Goken Las cinco espadas bajo el cielo, su historia y dónde se conservan. En inglés.
- Wikipedia · Masamune El herrero, sus obras con nombre y su lugar en el catálogo de Kyōhō. En inglés.
- Wikipedia · Muramasa La escuela de Kuwana y cómo nació la leyenda de la espada maldita. En inglés.
- Wikipedia en japonés · Kyōhō meibutsuchō El catálogo de 1719: quién lo hizo, sus copias y cuántas espadas recoge de cada herrero. En japonés.